La relación es estrecha y de larga data. Un poco más de tres años pasaron para que una de las lumbreras del pop británico, Pet Shop Boys, regresara a Chile, con su último disco, Super, editado en abril pasado. El lugar que terminó albergando la quinta visita de la dupla integrada por Neil Tennant y Chris Lowe fue el –cuestionadísimo- Expo Center de Espacio Riesco, y significó el punto de partida para el tour mundial de su notable trabajo 2016.

La excitación y la incertidumbre eran los sentimientos que comenzaban a circular al entrar al recinto de Ciudad Empresarial. Excitación, por ver un show que en términos escénicos y musicales, sabes que te puede dejar flotando durante días. Incertidumbre, por el lugar mal escogido para un concierto (perogrullada a estas alturas), teniendo en cuenta que las dos últimas visitas se concretaron en el Movistar Arena, un espacio mucho mejor para el sonido y espectacularidad pop que ofrece PSB, y para cualquier evento. Algo de esa inquietud, se sintió durante los primeros minutos del encuentro, cosa que, afortunadamente, se fue diluyendo después.

Dentro de las novedades del grupo, la escogida fue “Inner Sanctum” para la apertura (una excelente elección), y fue el instante en el que comenzaron a salir los comentarios de lo despacio que estaba sonando. La situación se mantendría así en las que le siguieron: La inmortal, “West End Girls”, “The Pop Kids” y el lado b ochentero, “In the night”, provocando cierto desinfle de euforia, aunque nada tan dramático. Fue durante “Burn”, otra de las inclusiones pertenecientes a Super, en donde el recorrido y la fiesta siguieron su curso sin problemas, gracias a que el sonido se afirmó.

Son pocos los que con más de treinta años de historia encima, pueden todavía conmover de manera semejante en un show cuyo soporte está en la combinación de canciones nuevas y las viejas glorias del pasado. Como suele ocurrir, se pueden vibrar con más locura clásicos preciosos como “Se a Vida É”, “Left to my own devices”, “It’s a sin” y “Domino Dancing”, pero también se nos alojan las perlitas de los últimos años como “Love etc”, “The Dictator Decides”, “Love is a Bourgeois Construct” y “The Sodom and Gomorrah Show”. Alejándose completamente de lo que padecen muchos músicos de la generación de los ingleses; El facilismo de apelar a la nostalgia y el constante espíritu revisionista. Lo vivido el jueves, no se acercó ni remotamente a eso.

Sin hiperbolizar, hay un par de razones más para las que un show de PSB siga siendo una experiencia emocionante, y que una quinta vez en Chile, esté lejos de ser un mal chiste o algo que se aproxime a la decadencia. La voz de Tennant (sí, un poquito más gastada) aún emociona, las seis canciones de Super incluidas en el show fueron recibidas con mucho entusiasmo. Era que no, si es un disco enfocadísimo en la pista de baile, y suena más extremo que varios de sus antecesores. El resabio regetonero de “Twenty Something”, y una muy atractiva puesta en escena, esta vez menos rimbombante que en sus shows de antaño, pero aun así marcada por lásers, juegos de luces y alucinantes fondos psicodélicos.

El estado de ánimo fue disparado hacia arriba, y cualquier tipo de abatimiento cotidiano fue transformado en el más completo entusiasmo. Pruebas de que la exquisita sustancia pop del dúo londinense se mantiene absolutamente intacta. Eso se pudo ver en la respuesta de todos. Desde los seguidores de siempre hasta las nuevas generaciones que se han ido acercando. Nuevamente, todos infinitamente complacidos.

Texto: Tomás Orellana
Fotos: Claudia Jaime

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